El presidente Donald Trump condenó rápidamente desde su Twitter cuando un supuesto extremista musulmán quiso atacar gente con un machete en los aledaños al Museo del Louvre, en Francia. En cambio, no dijo nada cuando el nacionalista de extrema derecha Alexandre Bissonette mató a seis personas mientras rezaban en una mezquita en Canadá.

En realidad, el portavoz de la Casa Blanca dijo que el hecho de Quebec demostraba el porqué de las acciones que está tomando el presidente sobre la seguridad nacional.

O sea, el acto terrorista cometido por odio contra musulmanes por un confeso admirador de Trump es un ejemplo para justificar la prohibición de entrada a una categoría de seguidores del islam.

Esta lógica retorcida es la que está detrás de la revisión que, según reportes, se realiza en el gobierno para cambiar el nombre del programa “Countering Violent Extremism (CVE)”, creado por la administración anterior, por el de “Countering Radical Islamic Extremism”.

El cambio va más allá de las palabras, ya que establece una limitada y conveniente visión de los peligros que componen el terrorismo doméstico.

Por definición ignora por completo el complot que mató 168 personas en el ataque a un edificio federal en Oklahoma en 1995 y la masacre causada por un “lobo solitario” racista en una iglesia de Carolina del Norte. Al igual que las dos quemas de mezquitas en enero de este año y la pintadas de cruces nazis en templos judíos.

El Southern Poverty Legal Center dice que hay 865 grupos que reunen a neonazis, milicias antigubernamentales, supremacistas, segregacionistas y afines. Sus actividades incluyen desde robos hasta operaciones como la frustrada en Kansas en octubre del año pasado contra un edificio con más de 100 inmigrantes somalíes.

Uno de los detenidos en este último caso, Curtis Allen, de la milicia Los Cruzados, también dijo como Bissonette ser un seguidor de Trump.

Si bien el extremismo islámico es una realidad indiscutible, las acciones de  la administración Trump tienen un deliberado fin político de satisfacer ese sector nacionalista blanco de su basea, además de la seguridad nacional.

La atención central del CVE es el trabajo con la comunidad musulmana, pero el nombre del programa no es algo políticamente correcto, como alegan los que lo quieren cambiar. Es reconocer que la violencia por cuestiones religiosas, políticas y raciales tiene orígenes variados.

La administración Trump será la responsable del crecimiento del extremismo nacionalista blanco por apañar su ideología y envalentonarlos con su accionar.